Queridas Reyas Magas ...
Aquel año de 1976 los Reyes Magos cogieron la gripe.
No fue un año cualquiera: era el Año Internacional de la Mujer y también un tiempo de cambios que se leían en los periódicos y se sentían en las plazas, cuando España empezaba a desperezarse entre silencios viejos y palabras nuevas, se abría la esperanza con la llegada de Adolfo Suárez .
En Torralba Jesús Álvarez y María Jesús Loro fueron elegidos como los mejores deportistas , ese año tuvimos 2 alcaldes , y las patatas seguían siendo marca registrada de todo torralbeño.
Como los Reyes estában malos ,Alfonso Gonzalez fue quien llamó a las Reyas para que vinieran ese año .
Por eso, aquel año, fueron las Reyas quienes tomaron las riendas del milagro.
Ellas, que siempre fueron las verdaderas guardianas de las listas de los niños buenos; las que saben que sin zapatos en la ventana no hay regalo posible; las que todo lo ven y todo lo saben porque tienen un pajarito que les susurra al oído lo que ocurre en cada casa.
La tarde del 5 de enero de 1976 no hacía frío.
Era una tarde impropia de invierno,
con un aire tibio que olía primavera y a despedida de otoño.
Las puertas falsas de la Sindical parecían un hormiguero humano: niños, hombres, mujeres… y más niños, porque en los recuerdos de pueblo los niños nunca se acaban.
Cascabeles y campanillas,
voces que decían papá y mamá,
un perro ladrando sin entender la fiesta,
petardos, tambores,
un enjambre de chillidos y ruido esperando el milagro.
—¿Vendrán en camellas?
—¿En dromedarias?
—¿En yeguas blancas o en mulas tordas?
Allí, a las puertas de la Sindical, todos los niños éramos iguales.
El mismo frío en las manos,
la misma esperanza en los ojos.
Se abrieron las puertas
y una exclamación de júbilo recorrió las aceras, la calle, el corazón del pueblo.
Las pajes con sus vestidos y trajes orientales portando antorchas humeantes salían en dos filas de fuego y humo .
Las tres Reyas Magas aparecieron subidas en una carroza lujosa, tirada por un gran unicornio blanco.
A los lados, montañas de juguetes;
desde lo alto, una lluvia de caramelos que caía como una bendición pegajosa sobre el suelo.
Hubo empujones y pisotones,
manos pequeñas y manos grandes disputándose la suerte.
Lo peor no eran los niños,
eran los padres, que empujaban diciendo ¡niño! sin poder agacharse por la barriga que ya les pesaba.
Y yo, arrastrándome por el suelo de caramelo en caramelo,
como quien está cogiendo suelos en el Verdugal,
ajeno a todo lo demás.
Mi calle.
La carretera.
La plaza.
Los bolsillos llenos de caramelos y de victoria.
Las Reyas descendieron de la carroza, luego supe que se llamaba Galera y que el unicornio era un macho.
Entre caramelos y besos escuché a una mujer mayor
¿Quiénes son los Reyes?
Levanté la mirada y pensé,
pufff… ya es muy grande pa no saber quiénes son los Reyes…
En este caso, Reyas.
Melchora, Gaspara y Baltasara.
Cosas de mayores.
Entonces, en aquel tiempo,
todavía se besaba al niño después de la Cabalgata.
Cosas de pueblo !
la magia duraba un poco más.
Duraba hasta llegar a casa,
quitarse los zapatos con cuidado,
dejarlos en la ventana,
y dormirse con las manos pegajosas de caramelo
creyendo, sin ninguna duda,
que los milagros existen
y pasan, y la magia llega !!
Publicado Ángel Luis Triviño Murcia
Fotografía Ángel Sánchez "San"
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