El hombre que tenía más orejas que día tiene el año .


 El viento en Torralba de Calatrava no sopla, muerde. Es un aire que baja de la sierra de Villarrubia y se pasea por la calle Real con la prepotencia de quien se sabe dueño de la llanura, aquí dicen que viene de mataviejos .


 Aquel 31 de diciembre, hacía un frío negro ,  de los que dejan las manos garias que no puedes hacer ni el huevo, con los dedos como sarmientos que no quieren doblarse. Yo tenía  los sabañones de las orejas encendidos, un picor que era a la vez castigo y medalla de los inviernos manchegos, pero no me importaba.

Mi padre, con esa media sonrisa de quien guarda un secreto universal, me había soltado el cebo temprano: "Abre el ojo, Ángel ,hoy va a la plaza el hombre que tiene más orejas que días tiene el año , llega en el correo de las doce.


Mi mente infantil, ajena a la aritmética de los adultos y entregada al misterio, empezó a trabajar. En el dibujo que yo trazaba en mi cabeza, aquel hombre era una aparición casi monstruosa pero fascinante: imaginaba orejas diminutas, como pétalos de carne, naciendo en sus pómulos, en su frente, asomando por la nuca, cientos de ellas dispuestas a escuchar todos los chismes del mundo.


Faltaban pocos minutos para las doce. El pueblo parecía una postal de cal y escarcha, la Siberia Manchega en todo su esplendor. Los charcos tenían esa costra de hielo que cruje bajo la bota, y el vaho de mi respiración se mezclaba y confundía con el humo del tabaco de los hombres que hacían corro en la plazuela ,mientras aguardaba la llegada del coche de línea.


A lo lejos, el rugido del motor anunció el Correo, aquí le llamamos la  ISA , en realidad es AISA ( asientos incómodos ,sucios y asquerosos) 

El autobús apareció entre la neblina, deteniéndose frente a nosotros con un suspiro de aire comprimido.

Yo me pegué a la pared  con el corazón galopando. Miraba de reojo, con una mezcla de pavor y curiosidad. ¿Vendrá con sombrero,  ¿Llevará un abrigo largo para tapárselas?

Y empezaron a descender.

Bajó una mujer con un pañuelo negro y una maleta , le miré los costados de la cabeza: dos orejas normales, rojas por el frío. No era ella.

Bajó un hombre mayor, con una boina calada hasta las cejas y un pelliza  que olía a bolas de polilla . Me quedé mirándolo fijamente, intentando adivinar si bajo esa boina se escondía un racimo de orejas apretadas ,me miró y dio los buenos días y siguió andando ,

Así cinco o seis pasajeros ,pero ninguno el de las orejas .

Cuando el autobús cerró sus puertas y el humo del escape nos envolvió en una nube gris, me quedé pensando , se me ha escapado !!! , y me fui corriendo a la plaza .

 La plaza estaba medio vacía  y el hombre de las orejas  no aparecía por ninguna parte.

De vuelta al hogar , mi padre  relataba que había visto en la plaza a un hombre que tenía más orejas que días tiene el año , yo había estado allí , y no había ningún hombre con tantas orejas ,tampoco había visto a mi padre .


El mundo de Torralba cambió para mí. Comprendí que la magia no estaba en los monstruos de feria, sino en la palabra, en el juego de los viejos que nos enseñaban a pensar mientras nos hacían soñar. 

Volver a casa, con los pies fríos y la cabeza  caliente, y a esperar un año nuevo que, por un solo día, volvería a hacernos dueños de ese extraño privilegio tan antiguo como la vida ,volver año tras año a la plaza el 31 de Diciembre a buscar al hombre que tiene más orejas que días tiene el año.


Quien sabe ,a lo mejor corre la San Silvestre !!


Feliz año 2026 !!!

Publicado Ángel Luis Triviño Murcia

Foto Ángel Luis Triviño 

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