Las Vueltas de San Antón .
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| Serafín Valencia 1957. Día de San Anton |
Año de 1898 ,en la Juventud Torralbeña periódico torralbeño dirigido por Juan José Gómez Salcedo nos encontramos el artículo dedicado a las vueltas de San Antón ,que reproduzco a continuación .
Como el día 17 del presente mes se celebró la fiesta del glorioso San Antonio Abad, parece oportuno decir algo relacionado con la romería que en su honor se celebra.
Desde que el Santo se venera en los altares, existe la costumbre de engalanar los caballos con lujosos arreos ese día y dar vueltas alrededor de la iglesia donde se encuentra su imagen.
No quiero afirmar que esta fiesta tenga su origen en el paganismo, pero sí es cierto que la costumbre de dar vueltas alrededor de dioses o santos es muy antigua. Los romanos, por ejemplo, celebraban una fiesta en honor del dios Consus —o de los Consejos que era Neptuno. En ella, engalanaban caballos, asnos y otros animales de carga, y sacrificaban un macho en honor del dios.
En las fiestas de Marte, los guerreros daban vueltas con sus caballos alrededor de la estatua del dios, y en ese lugar y momento se les asignaban los nombres que llevarían en adelante.
Parece que también ocurría algo similar en las fiestas de Tetis y Ceres, donde los labradores ponían bajo la protección de estos dioses a los animales de labranza.
La costumbre actual de dar las “vueltas de San Antón” parece tener su origen en la protección que se cree que el Santo concede a los animales que ayudan al hombre en los trabajos agrícolas. Por esta razón, este día es festivo para mayorales, zagales y otros criados dedicados a labores del campo.
Es sabido que a los pies del Santo suele aparecer esculpido o pintado un cerdo, símbolo de la protección que dispensa a los animales. Haciendo alusión a esto, existía y aún existe en algunos pueblos de España la costumbre de rifar el “cerdo de San Antón” el día de su fiesta.
Para terminar esta breve reseña, añadiré que, como la industria y el comercio procuran siempre sacar provecho de todo, los confiteros y panaderos no dejan pasar la ocasión y elaboran para este día unos panecillos con la imagen del Santo (esos panecillos son las que hoy llamamos Caridades).
Se regalan a personas conocidas, se llevan al lugar de la romería o se entregan en las casas, envueltos en elegantes papeles preparados y adornados con exquisito gusto
(Juan José Gómez Salcedo ) 1898.
Las Vueltas de San Antón en los años 50 ,por Ángel Luis Triviño Murcia.
Al alba, los gañanes y los mozos del lugar, endomingados con lo mejor que guardaban en el arcón ,camisas de lienzo almidonado, chalecos de paño bueno y sombreros de ala ancha, se congregaban en la plaza junto a los amos y los capataces. Allí esperaban, con el corazón un poco más alto, a sus caballerías: mulas y caballos enjaezados con los arreos más preciados, aquellos que durante toda la semana habían sido bruñidos con esmero hasta hacer cantar la luz en las hebillas doradas. De las crines y los petos colgaban ristras de cascabeles menudos que, al menor paso, llenaban el aire de una música menuda y alegre, como si la tierra misma celebrara el día.Cuando Don Gabriel, desde el umbral de la iglesia, alzaba la mano y derramaba sobre hombres y bestias la bendición antigua, la procesión se ponía en marcha. Subía despacio por la calle Real, entre el rumor de los cascos y el tintineo perpetuo de los cascabeles, mientras desde uno de los balcones del Casino los del jurado observaban con ojo crítico y corazón contento, prestos a premiar a la yunta o a la caballería mejor ataviada, aquella que llevaba en su adorno el mayor orgullo y el más hondo cariño.Llegaban al fin a la plazuela de San Antón, donde en tiempos de los abuelos se alzaba, humilde y querida, la ermita del Santo. Allí, como quien cumple un juramento que no se escribe, daban las vueltas rituales alrededor del lugar sagrado: vuelta tras vuelta, siguiendo el mismo camino que habían trazado sus padres y antes sus abuelos, en un círculo de memoria y gratitud.Porque en aquellas vueltas aprendieron a mirar el cielo con ojos de hijo y a dar gracias por la lluvia que vino a tiempo, por el sol que no abrasó la mies.
Aprendieron a tratar a sus animales como a compañeros de fatigas y de vida, casi como a miembros de la sangre.
Y sobre todo aprendieron lección que hoy casi olvidamos.que si ellos cuidan de la familia con su fuerza y su paciencia, la familia debe velar por ellos con la misma lealtad, con el mismo amor callado que no pide palabras.Así era, y así sigue viviendo en el recuerdo de algunos, aquella fiesta sencilla y honda, cuando el hombre, la bestia y la tierra aún sabían caminar juntos al compás de una misma oración.

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