El Día del Angel .
Era el primero de marzo y el aire ya no mordía.
Aún recuerdo como silbaba el aire entre las rejas de la escuela , algunos días de invierno ,me siento en el Paseo para escuchar el silbido del viento .
Aún quedaban mañanas en que el aliento se volvía humo blanco, pero ese día, casi siempre, la primavera se asomaba tímida, como quien entreabre una puerta para ver si ya puede entrar sin que nadie la regañe, eran días de escuela como aquella canción de Asfalto , te acuerdas ??
Los visillos de las casas del pueblo se movían con una brisa que olía a hierba mojada y a tierra removida, y en la escuela sonaba más fuerte el murmullo porque todos sabíamos lo que venía.«de paseo ! ¡De paseo l! ¡Hoy es día de Ángel!»
Lo gritabamos los pequeños , los grandes , los de enmedio , se contagiaban los gritos .
Y los maestros, en lugar de mandar callar, sonreían de medio lado, como si ellos también hubieran estado esperando esa fecha desde el invierno.
En la pizarra ...
De paseo , de paseo , de paseo , Don Juan ,ni se ponía el guardapolvo , la tarde era espectacular y las eras de los Gijonés nos esperaban .
Hoy salimos al campo.Era como si nos hubieran dado permiso para respirar de verdad.Salíamos en fila de a dos, aunque la fila duraba exactamente ha salir a la calle Almagro
Llegando a la era de los Gijonés todo se volvía caos : carreras cortas, saltos sobre los charcos que todavía quedaban, gritos de «¡mira una mariquita!»
Vamos a atar el rabo al demonio y nos empleábamos en las cebás o el trigo más cercano y hacíamos lo que todos los primeros de marzo , aquello que nos enseñaron nuestros padres , atabamos el rabo al demoño o hacíamos trompetillas con los tallos verdes de la siembra .
El camino olía a alfalfa aplastada y a humo lejano de alguna chimenea que aún no se había rendido al buen tiempo. A lo lejos se oían las ovejas, ese concierto desordenado que nunca parece acabar ni empezar. Y de pronto el sol encontraba un hueco entre las nubes y todo se volvía dorado: las cunetas llenas de dientes de león, los almendros que ya empezaban a salpicarse de blanco y rosa, nuestras propias manos que parecían más limpias bajo esa luz.
Alguien siempre encontraba un bote viejo para jugar a bote ,bote , una pelota para el pie broche ,un balon para un gorreñio .
. Alguien siempre encontraba una piedra con forma de corazón y la guardaba como si fuera oro y alguien siempre se subía a las paredes de la casa que había en las eras .
Los maestros se sentaban en una piedra o hacían un corro ,más pendiente de ellos que de los chicos .
Nos dejaban ser. Durante esas horas éramos dueños del mundo.
Entonces todos nos quedábamos quietos un segundo, como si el tiempo se hubiera equivocado de estación y nos hubiera regalado un pedazo de verano por error.Regresábamos cuando el sol ya estaba cansado, con las mejillas coloradas, las rodillas verdes de hierba, los bolsillos llenos de tesoros inútiles: una bellota , unas piedras , el bolsillo lleno de colillas .
En la puerta del colegio nos despedíamos con la promesa muda de que el año que viene volvería a ser igual. Aunque sabíamos, en el fondo, que nunca sería exactamente igual. Porque cada primero de marzo se llevaba un poco de nosotros y nos devolvía otro poco distinto.
Y sin embargo, todavía hoy, cuando huele a alfalfa mojada o cuando veo un molinico nadando al viento, cierro los ojos un instante y vuelvo a tener ocho años, las rodillas de verdín , la boca escustria , los codos llenos de mierda que parecía roña aun así y de regreso a la escuela ,solo sé que, durante unas horas, el mundo entero olía a posibilidad.

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