Cuento de Navidad .Un reloj para el Pueblo .

Diciembre de 1999 ....

El Ayuntamiento ha programado la tradicional carrera de San Silvestre .



Este fin de año será especial en Torralba ,no solo por la despedida del milenio sino también por el estreno oficial del nuevo reloj de la Plaza del Ayuntamiento , que dará las campanadas de fin de año .

El nuevo año se recibirá en la Plaza de la Villa al nuevo milenio con las campanadas del nuevo reloj,regado con cava ,todo amenizado por una selección de fuegos artificiales..

Cuento de Navidad 

En un pueblo de la Mancha de cuyo nombre no puedo acordarme había un reloj oxidado  Un reloj de engranajes oxidados, esferas agrietadas y péndulos que colgaban como fantasmas inertes , las manecillas lentamente mecían la cuna del tiempo con un tic-tac suave,  el sol derramaba luz dorada sobre las calles empedradas, y el aire olía a paja húmeda y a pan recién hecho. En esas horas eternas, los rostros conocidos aparecían y desaparecían, la risa de los niños corriendo tras las mariposas, el saludo de la vecina que tendía la ropa, el paso lento de los enamorados que se tomaban de la mano como si el mundo fuera a durar para siempre.

 Gente que viene y va,  mientras el viento cálido le acaricia el rostro .Pero las estaciones giraban inexorables. Un día, el viento helado del otoño irrumpió como un ladrón, trayendo consigo la nostalgia. Las tardes de verano se convirtieron en recuerdos borrosos, rostros que se desdibujan en la niebla del tiempo. Amigos que partieron a la ciudad, amores que se enfriaron como el aire de invierno, voces que el viento se llevó para siempre.Una mañana de tormenta, mientras el viento helado aullaba contra las rejas de la escuela ,aún recuerdo su silbido helado, de pronto, sintió que el tiempo se arremolinaba a su alrededor, formando un vórtice invisible. Las agujas comenzaron a girar al revés, lentamente al principio, luego con furia. Los rostros del pasado emergieron del remolino: su abuelo joven, riendo bajo el sol de verano; su madre cantando nanas; la chica de ojos verdes y la chaqueta de cuero que juró esperarlo eternamente.El vórtice del tiempo lo succionó. Por un instante,  volvi a sentir el calor de aquellas tardes interminables, el aroma de los pericones en la Purísima , las manos entrelazadas. Pero el tiempo no perdona. Las manecillas, con su mecer hipnótico, lo devolvieron al presente, a la plaza fría  y silenciosa.

Al amanecer se paró  el reloj. Comprendo que la nostalgia no era un enemigo, sino un puente frágil entre lo que fue y lo que es. La gente viene y va, como las hojas en el viento helado o las mariposas en las tardes de verano. Y el tiempo, ese gran relojero invisible, sigue meciendo su cuna con manecillas implacables.

Desde entonces , un reloj parado y el vórtice siempre está ahí, girando, esperando. Pero basta con un rostro querido, un viento cálido fugaz, para que el tiempo, por un segundo, se detenga en la palma de la mano.


Texto Ángel Luis Triviño Murcia 

Fotografía Juan Sánchez 



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